12 mar 2015

DE LAS PALABRAS CONFUSAS




Por. Gustavo Munera Bohorquez


La lectura del reciente artículo Casos y cosas del  habla: palabras confusas de Abel Antonio Medina, me hizo recordar a otro amigo, mi veterinario de cabecera para las animaladas que en veces cometo, Víctor Sccot, especializado en patología aviar y en cuanto sea de interés, lo que anunciaba al oír alguna conversación: “acabo de escuchar algo que me es fértil”. La nota trata de vocablos que en su opinión prestan anfibología o ambigüedad, lo que es un vicio de la palabra, como lo señala el  Diccionario de la lengua española (DRAE).


Como desvarío con los asuntos del lenguaje, es un bocato di cardenali meter baza en el tema. Heme aquí lanza en ristre dado que no comparto ciertas afirmaciones y de otras tengo reparos. Nada de ello quita lustre a lo afirmado por el gestor cultural. Todo lo contrario, ha creado la necesidad de investigar, lo que no es poco. Empecemos por el adjetivo álgido, que descalifica como incorrecto para designar el culmen de una crisis. Falso, porque al menos desde la 22ª. Edición el DRAE admite este uso y la 23ª dice: 1. Dicho de un momento o de un período: Crítico o culminante, especialmente en algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales, etc.; 2. Muy frío; 3. Med. Acompañado de frío glacial. Fiebre álgida. Tanto fue el cántaro al agua hasta que doña Academia cedió.


Puede ser, pero jamás he oído ni leído el empleo del adjetivo temerario para definir a quien siente miedo; para ese propósito se emplean temeroso o miedoso. Temerario es quien pierde toda cautela hasta la imprudencia en su actuar (Sin medir distancias, diría nuestro común admirado Diomedes Díaz). El Chapulín Colorado es el epítome de cuán temerario se puede ser y que muestra que no siempre resulta malo serlo. Es válida la antonimia entre temerario y temeroso, pero dudo que se presten a confusión entre sí. Repito, que no lo haya escuchado de ese modo, no invalida el dicho de Abel; nada abunda más en mí que la ignorancia.


Culposo es un término reducido al ámbito jurídico; indica un obrar que genera responsabilidad, pero no culpa, dolo o intención, lo que aminora el castigo condigno. Los delitos por mala destreza médica generalmente son así y tienen tres condicionantes: la negligencia (omitir lo que corresponde hacer en tiempo y lugar); la temeridad (sobrepasar lo establecido en ciencias y lógica) y la impericia (realizar prácticas para las que no se está entrenado). Asimismo, aunque correcta la expresión fiebre álgida, jamás la he oído en tres y media décadas bajo la guía de Esculapio. Tal vez porque es más certera la palabra escalofrío para describir la sensación desagradabilísima de sufrir frío y temblores cuando también se tiene fiebre. Pudiera responder a un mexicanismo.

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